El Mercado de la Ribera de Bilbao. Sonia Delaunay

Visito el Mercado de la Ribera en Bilbao, que está considerado el mayor mercado de abastos cubierto de Europa. Situado en la parte antigua de la ciudad en la orilla derecha de la Ría del Nervión y junto a la iglesia de San Antón. Edificio de tres plantas, con una arquitectura muy interesante, racionalista, tiene elementos modernistas y una fachada art Decó ecléctico. En 1929 se construyó siguiendo el proyecto del arquitecto Pedro de Ispizua; el edificio es de hormigón armado, con un espacio abierto sin columnas interiores, la iluminación natural pasa a través de vidrieras y celosías.

En 1983 después de unas graves inundaciones, se reconstruye, y en el año 2010 se emprende una rehabilitación por el arquitecto Emilio Puertas con intervenciones modernas para mejorar su accesibilidad. En la entrada principal se sube por unas escaleras mecánicas que me permiten descubrir lentamente la vidriera y el techo de mucha altura con celosías por donde penetra la luz natural cenital. Todo el recorrido está debidamente señalizado, los pasos de tránsito son amplios, la sensación es de estar en un edificio espléndido con mucha riqueza arquitectónica, que tiene incluso algo de religioso por la cantidad de vidrieras propias de una catedral. El blanco predomina en paredes y techos haciendo el efecto de pantalla donde rebota la luz del exterior. Cuando una arquitectura es buena se siente el amor por los detalles que el arquitecto ha querido depositar en cada elemento y en el encuentro de los materiales. Los alzados de las fachadas y las barandillas exteriores que dan a la ría con dibujos florales son especiales.

Es el Mercado de la Ribera un típico mercado tradicional con sus sesenta pequeños puestos de venta: pescados, carnes, quesos, verduras y hortalizas en ordenada concentración por productos. Me gusta visitar este mercado para ver cómo están expuestos, y sobre todo el ir y venir de las personas que van a comprar y que mantienen unos vivos diálogos con las vendedoras y vendedores, diálogos que van desde la calidad y oportunidad del producto ofrecido a los comentarios sobre el tiempo, la salud o la última noticia del día, en una desenfadada conversación que humaniza el acto de la compra. Donde me detengo y disfruto es en los puestos de verduras y frutas, por sus coloridos, tan preciosos para mí, y que con su vistosa presencia me parecen otro gran regalo de la naturaleza. Un pimiento, un puerro, una calabaza, un tomate, todas las frutas con su variedad de formas y colores nos dan una muestra de la generosidad de los vegetales, que de esta forma se ofrecen como unos alimentos visualmente bellísimos.

Últimamente en las cestas de los pimientos, se ofrecen tres pimientos envueltos en papel transparente. Me encantan, un pimiento rojo, otro verde y otro amarillo. Compré esos pimientos, también un ramillete de cebollino y pimientos pequeñitos. Los dispuse en mi mesa de trabajo, jugué con su disposición, y con el cebollino fui creando líneas. Al final corté tres rodajas de los pimientos para diseñar unos platos de cerámica. En un plato dibujé un mosaico de rodajas a modo de flores con un punto redondo como si fuera el corazón; en otro plato desaparecen las rodajas y sólo quedan los puntos del corazón; y en el tercero, los puntos se amplían y se concentran creando una figura central de círculos. Es sólo un juego de color.

Los colores de los tres pimientos son el pretexto para poder escribir sobre la artista Sonia Delaunay. Nació en 1885 en Ucrania y murió en 1979, a los 94 años, en su taller de París. Es una mujer a la que admiro por su trabajo incansable dentro del Arte hasta una edad avanzada. En 1905 se traslada a París, y bajo la influencia de Van Gogh y Gauguin realiza unos grabados; fue la época fauvista de su trabajo.

Su primera obra abstracta fue una manta de telas para su hijo. Trabaja los contrastes simultáneos de los colores en tejidos, collages y diseños para la moda. En su pintura creaba una gran variedad de sencillas formas geométricas combinando los colores cuyo resultado era de un gran dinamismo visual. Fué su aportación al mundo del color y su ritmo, un nuevo lenguaje. Era muy intuitiva, creó sus propias leyes cromáticas. Robert Delaunay, su marido, decía que Sonia tenía una sensibilidad atávica para el color. A ese tipo de pintura él lo denominaba cuadros-ventana, ventanas a una nueva realidad de contrastes de colores opuestos, “que crean una arquitectura del cuadro, algo similar a una orquesta que se despliega como frases de colores”. Apollinaire, amigo de Delaunay, bautizó ese estilo con el nombre de “Orfismo”, con este concepto se relacionan pensamientos de color, luz, música y poesía.

Sonia Delaunay quiso transformar visualmente la vida en la moda, en la arquitectura y el urbanismo, trascender a toda la cultura visual diseñando decorados y vestuario para el teatro y cine, murales para la arquitectura, y diseño gráfico en publicidad, carteles y encuadernaciones. Se relacionó con Tristan Tzara al que ilustró poemas; con Serguéi Diaghilev para el vestuario de sus ballets.

En 1914 Sonia viaja a España huyendo de la primera guerra mundial. Pasa sus vacaciones de verano en Fuenterrabía junto con Robert su marido, su hijo Charles de cuatro años y la madre de Robert. En esas fechas y de paso por Bilbao expone sus cuadros en la Asociación de Artistas Vascos; aunque sea un anacronismo, qué lástima no haber coincidido con ella.

COMPOSICION SONIA

Film mudo de 1 minuto 30 segundos realizado en 1920. Este film fue presentado en la exposición retrospectiva sobre Sonia Delaunay en el museo de Arte moderno de París en 2014.

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15 comentarios en “El Mercado de la Ribera de Bilbao. Sonia Delaunay

  1. Me he encontrado con este artículo de casualidad y me ha maravillado. El mejor artículo sobre mi querido Mercado de la Ribera que he leído y visto, porque el trabajo de fotografía también me ha encantado. Cómo has extraído el color y las formas de algo tan cotidiano.
    ¡¡¡Enhorabuena por el trabajo!!!

    • Muchas gracias “Siete Calles Bilbao”!!! Es difícil elegir las fotografías para el post, el Mercado de la Ribera es maravilloso. Soy una enamorada de las Siete Calles, tienen una magia especial, es otro mundo…..
      Un abrazo

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