Oscar Neimeyer, Avilés. La vida es un soplo

Atraída por la arquitectura de Oscar Neimeyer, me dirijo desde Bilbao por la autopista hacia Avilés. El Centro Neimeyer es la única construcción que hay en España de este arquitecto. Él tenía 100 años cuando lo visitó por última vez, murió en el 2012 a los 104 años en Río de Janeiro, su ciudad natal. El proyecto del Centro ha sido el regalo que hizo a la ciudad de Avilés en correspondencia al Premio Príncipe de Asturias que recibió en el 2007. Situado en el entorno de la ría de Avilés, entre el casco antiguo de la ciudad y la zona industrial, separados ambos por la ría. Su deseo fue crear “una plaza abierta a todo el mundo, un lugar para la educación, la cultura y la paz”. El conjunto está formado por el Auditorio, la Cúpula, la Torre con una escalera periférica singular, y un largo edificio acristalado de una planta que acoge el restaurante, varias salas, tienda y oficinas. La Cúpula está unida al Auditorio por un largo voladizo, una marquesina curva que marca el trayecto. Bajo la apariencia de la simplicidad, los cuatro edificios distantes los unos de los otros provocan unos encuentros muy sugerentes, y si además cae el sol del mediodía con intensidad, las sombras que proyectan se suman a esos encuentros sorpresa. Rilke decía que lo importante de una arboleda no eran los árboles sino el espacio entre ellos. Eso mismo me enseñó mi maestro Oteiza, él llamaba “tarte” al espacio vacío entre edificios. Desde que me lo descubrió siento esos espacios vacíos de otra manera, hay una nueva existencia añadida.

A Oscar Neimeyer le admiro por su ética en el trabajo, su genialidad como arquitecto, su búsqueda de la pureza de líneas, y por el tratamiento del hormigón armado siendo ese material constructivo su sello personal con un resultado perfecto y bello dentro de sus límites morfológicos. Decía que “la belleza es algo a lo que un hombre tiene derecho, mejora la vida de las gentes”. Oscar Neimeyer dejó escrito: “No es el ángulo oblicuo lo que me atrae, ni la línea recta, dura, inflexible, creada por el hombre. Lo que me atrae es la curva libre y sensual, la curva que encuentro en las montañas de mi país, en el curso sinuoso de los ríos, en las olas del mar, en el cuerpo de la mujer amada. De curvas está hecho todo el universo, el universo curvo de Einstein”.

Participó con Le Corbusier en el proyecto para el edificio de las Naciones Unidas en New York, 1952. Fue profesor en la Universidad de Brasilia, pero en 1966 tuvo que exiliarse a Europa obligado por la situación política en su país. Eligió París para vivir, montó un estudio de arquitectura en los Campos Elíseos. Al final de la dictadura en los años 80 vuelve a Brasil. Comprometido con la ciudad de Brasilia proyectó el urbanismo y viviendas para el bienestar de sus habitantes. Ha sido uno de los arquitectos más prolíficos del siglo XX. También era escultor y amaba el dibujo, “siempre me ha gustado dibujar, siempre he reflexionado con mis manos”.

EN EL AUDITORIO EXPOSICIÓN “MARE NOSTRUM”

En una cara ciega de la fachada exterior está representada una silueta de mujer con trazo negro dibujada por Oscar Neimeyer. El fondo amarillo se ha realizado con piezas cerámicas.

En las paredes del interior hay una exposición con el título “Mare Nostrum”, fotografías hechas por fotógrafos comprometidos con el mundo de los más castigados. Trata sobre los emigrantes hacia Europa huyendo de las guerras, las hambrunas y persecuciones. A través de los objetivos de Manu Brabo, José Colón, Guillem Valle, Diego Ibarra Sánchez y Fabio Bucciarelli, nos revelan las causas y repercusiones del éxodo de tantas personas. Más de 7.000 emigrantes han perdido la vida intentando cruzar el Mediterráneo en los dos últimos años.

El suelo de la sala está cubierto con una moqueta roja recién aspirada, la pisada da la sensación de bienestar en contraste con el recorrido visual de las fotografías, documento de la huida desesperada de tantas personas abandonadas a su suerte. Me siento en un banco, también enmoquetado, para ver un video de entrevistas a personas que huyen, jóvenes, mujeres con niños y ancianos. Al cabo de unos minutos me levanté, no podía seguir viendo tanto sufrimiento. Ese video debería ser de obligada visión para los que estamos en países en paz, sin guerra. Es toda una meditación.

En una entrevista un periodista le preguntó a Oscar Niemeyer ¿qué es lo que le hace feliz?.
“Estar en paz, tranquilo conmigo mismo. Sentir solidaridad con aquellos que combaten la opresión y la miseria, y ayudar a los otros. Me parece que nos debe gustar ayudarnos los unos a los otros, es algo muy importante. Y no hacerlo como una obligación”.

Me gusta mucho Neimeyer por la brillante solución de su arquitectura y por la concepción profundamente humanística de su trabajo, amante ferviente de la honestidad.

EN LA CÚPULA, AMANDA COOGAN

En el edificio de la cúpula Oscar Neimeyer emplea el color azul en la iluminación como ambiente general. Es un espacio diáfano con una escalera helicoidal; podríamos pensar en una escultura con un desarrollo espectacular. La sala está preparada para exposiciones.

En la performance de la artista Amanda Coogan, la escalera es el elemento principal, escenario de sus viajes. En el resto de la sala se ha distribuido el vestuario y pantallas con videos de actuaciones de la artista. La iluminación puntual en rojos y amarillos continúa la idea de Oscar Neimeyer de utilizar los tres colores elementales, amarillo, rojo y azul.

Amanda Coogan, artista nacida en Dublín, dice: “Entramos en ese espacio fronterizo, particularmente impredecible, de la performance”. Se trata de una acción que se repite de forma cíclica durante un período de tiempo. Arte efímero, utiliza el cuerpo como instrumento principal. La artista define sus performances como “minimalistas” y habla de su propio proceso creativo como el de una escultora que va “recortando y descartando hasta revelar la estructura de la pieza”. Por la escalera de la cúpula, la artista sube y baja, a ritmo lento, como si nunca hubiese habitado en ningún otro universo.
(pequeño resumen del texto de Luz González Arias, comisaria de la exposición).

LA CÚPULA Y EL CUENCO

La hermosa cúpula de Oscar Niemeyer aislada de los otros dos edificios, unida por un largo voladizo al Auditorio, tiene algo de extraterrestre, cierto aire surrealista en su ubicación, como posada, en la gran explanada del Centro Neimeyer. Le doy la vuelta al cuenco del desayuno para los corn flakes, tengo entre mis manos la cúpula, lo convierto en florero. Las flores en rojo y amarillo las compongo añadiendo fondos en los tres colores elementales, homenaje a Oscar Niemeyer. Él amaba la belleza como sorpresa.

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24 comentarios en “Oscar Neimeyer, Avilés. La vida es un soplo

  1. En persona, la verdad, me resulta simplón para mi gusto (por no hablar de su coste de construcción), y la torre esta en desuso y con aspecto de abandono, aunque queda muy bien en las fotos. También es verdad que la cúpula es “acongojante” y hay exposiciones interesantes. Saludos, María 🙂

    • Chus, gracias siempre por tu comentario y por tu fantástico blog. Visitando un anticuario de Avilés, al otro lado del puente, al conversar con su propietario, pintor y escultor, tuve la ocasión de conocer los problemas de financiación por la corrupción en el Centro Neimeyer que supuso que estuviera cerrado durante un año. Ahora la Torre está en buen estado y han inaugurado ese espacio como sala de exposiciones. Un saludo!!!

  2. Fantástica como siempre María. Reportaje esmerado. Es un placer recorrer contigo la sorpresa de cada una de tus entradas. Y ese toque tan especial tuyo. Gracias por compartirlo. Un abrazo

    • María Jesús, gracias por tus comentarios generosos hacia mis entradas, gracias por haberme descubierto Poema a tres voces de Minase, y gracias por tus poemas y reflexiones llenos de sensibilidad y emoción. Un abrazo

  3. Tengo devoción por Oscar Neimeyer, por su pensamiento. Suelo ver de vez en cuando el vídeo de la exposición que le dedicó Telefónica en Madrid. Dibuja con calma y firmeza las curvas, surgen los edificios como si fuera magia. Qué gozada!
    Javier, me ha interesado mucho tu entrada “El banquete”. Admiro tu erudición, es un regalo leerte. Iré a ver Picasso-Lautrec, pediré el audioguía.

  4. Una Serie Muy Hermosa, Ciertamente Es Un Espacio que Se Presta A La Fotografía… Por Otro Lado Su Utilidad Cultural Aún No Termina De Tener Un Gran Éxito… Esperemos Que Vaya Cambiando Poco A Poco…
    Un Saludo.

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