Un latido de luz en la noche

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Cuando se hace la noche, la ciudad se convierte en un paisaje silencioso donde los volúmenes arquitectónicos se apaciguan, el negro como telón de fondo siluetea el urbanismo iluminado de las calles, descubriéndonos un nuevo escenario urbano, porque la luz siempre va más allá de lo proyectado, de lo diseñado por los arquitectos. La luz viaja y recorre los espacios con la magia que sólo ella posee.

Con una intervención efímera de una cúpula de leds multicolores, auténtica filigrana de dibujos recordando a la India, los creadores italianos de esa cúpula situada entre dos edificios del arquitecto Arata Isozaki, consiguieron una congregación de visitantes nocturnos, que atraídos por la luz, se convirtieron en actores como sombras chinescas de un espectáculo lúdico, magnético, poético. La luz nos transformó. Entrar a la cúpula iluminada, situarte en el centro y mirar hacia arriba, al punto más alto, y luego salir de esa fascinación lumínica, de ese espacio cóncavo protector, notas que pierdes las alas de hada que allí había sentido.

Manipulo un fragmento de una de las fotos de la cúpula iluminada, ampliándola hasta llegar a ver la descomposición del color de los píxeles en rectángulos de un mosaico inspirador. Un resultado, que enmarcado en un círculo, nos sugiere el diseño de unas vidrieras, del estampado de un tejido, o del diseño de un plato de porcelana,… Los píxeles son unidades geométricas de color sumamente expresivas para un grafismo abstracto.

Desde mi adolescencia elijo el atardecer y la noche para leer poesía. Leo poesía para que me tiemble el alma, y porque es el lenguaje con el que mejor comprendo lo que se escapa a lo prosaico, lo que me hace volar a otros territorios de los poetas, seres tan especiales que consiguen con sus versos que el mundo tenga otro sentido, otra dimensión, otra energía espiritual. El poeta José Ángel Valente me emociona especialmente porque su poesía acaricia el orientalismo, de una sobriedad y ensoñación, que nos acerca a un misticismo de un sentir tan sabio.

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2 comentarios en “Un latido de luz en la noche

  1. Se podría decir que la poesía (la escritura) es un constante errar por los caminos del imaginario, un viaje de desarraigo en pos de la vaguedad, del espacio no transitado que habita la palabra. Desplazamientos irregulares que, con frecuencia, se efectúan de modo paralelo al caminar monótono de las obligaciones cotidianas, al paso de los trenes que pintaba Constable. ¿O era Turner? Siempre es un ejercicio de desmemoria con los cuadros. Palabras y pinturas, pinturas y palabras: tan parecidas ellas y tan volubles, constantemente al filo de la sugestión, de la inasibilidad de este universo que muda de piel a cada segundo, veleidoso en su existir de ser ingrávido que apenas se sostiene sobre una línea imaginaria e inestable.

    Buenas noches y feliz domingo.

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