El gorrión

Siento una ternura especial por los gorriones. Son discretos, pequeños, sociables, supervivientes en la ciudad. En las plazas y parques conviven con los demás pájaros. Enseguida visualizan una miguita de pan, sortean a peatones, a niños jugando, y corren, medio vuelan hasta alcanzarla. Si hay palomas esperan, son condescendientes, saben que por su agilidad cogen la miguita y suben rápidamente al árbol que los protege. No me canso de mirar los colores de sus plumas tan elegantes que van del marrón al negro pasando por toda la gama de pardos y grises. De su cuerpo recorro esa línea tan pura que va desde su pico hasta la última plumita de la cola. Es un diseño perfecto, Brancusi lo sabía, la escultura de su pájaro es maravillosa, le falta subir al cielo.

En una plaza con árboles, agachada a ras de suelo, me he quedado observándoles tres minutos a ellos y a las palomas, su comportamiento en el espacio detrás de las migas de pan. Entran y salen en el rectángulo fijo de mi cámara, es como un baile, que representado por puntos rojos los gorriones y gris pálido las palomas, va creando una partitura muy particular de una música silenciosa, la del vuelo, la del ir y venir.

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2 comentarios en “El gorrión

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